La historia comienza en 1939, año en que la zona central de Chile fue golpeada por un terremoto de intensidad 8,3 en la escala de Richter. Cientos de personas murieron y muchas fuentes de ingresos se perdieron, incluyendo las relacionadas con la industria vitivinícola local. Como parte de un plan de ayuda para los agricultores afectados por el desastre, el Ministerio de Agricultura importó algunos cultivares de Carignan francés, con el objetivo de mezclar vinos de esta variedad con los de la cepa tradicional chilena, la País, y así producir vinos tintos de gran coloración, cuerpo y frescura. Los viticultores plantaron estas vides manteniendo los sistemas tradicionales de conducción, en bloques o en cabeza (gobelet), sin aplicar riego.

Los años pasaron, la vitivinicultura evolucionó, favoreciendo ordenados cultivos en espaldera de variedades internacionales como Cabernet Sauvignon y Merlot; los enólogos dieron así la espalda a las técnicas rústicas y a estas uvas supuestamente no comerciales. Más tarde, en los años 90, un grupo de enólogos comenzó a experimentar produciendo vinos con estas viejas uvas de Carignan de secano, obteniendo resultados impresionantes.

Sucede que los suelos graníticos y ricos en cuarzo de la Región del Maule son ideales para el Carignan, el cual también prospera bajo sus condiciones climáticas. Las lluvias invernales entregan a las plantas toda el agua que requieren. En verano, los días son calurosos y el cultivo en cabeza permite que las hojas den sombra y refresquen los racimos. Las noches son frías, lo cual hace más lenta la maduración, asegurando una gran concentración en las uvas.

Todas estas condiciones bajan los rendimientos y las uvas conservan una gran concentración, que luego resulta en interesantes vinos de cuerpo medio a intenso, frutales y de buena acidez.

Reconociendo el potencial de estos vinos tan especiales, un conjunto de viñas unió fuerzas para desarrollar una interesante estrategia de marketing. Dieron a estos vinos el nombre de «Vigno», basado en la palabra «vino» con la «g» de Carignan insertada en medio. Vigno es, al mismo tiempo, una asociación de viñas, una marca y una Denominación de Origen.

Para tener el derecho de etiquetar una botella de «Vigno» bajo ese rótulo, al menos el 65% de la mezcla debe proceder de parras de Carignan de secano y plantadas en cabeza, de al menos 30 años de edad y producidas en la Región del Maule. El remanente 35% puede ser cualquier otra variedad procedente del Maule, siempre y cuando el carácter del Carignan no se pierda en la mezcla. Los vinos deben ser envejecidos al menos 2 años antes de su liberación.

Muchos de ellos son vinos robustos, de alta acidez y expresión frutal, que maridan muy bien con platos sabrosos de carnes rojas y tomate. Pruébalos con preparaciones en base a tomate, como tallarines con salsa Boloñesa o salchichas con tomates al horno o dale una mirada a mi receta de Carne Mechada.

Miguel Torres Cordillera Vigno 2009: Intenso color tinta púrpura. Una nariz de guindas ácidas y ciruelas que destacan sobre notas a regaliz, chocolate amargo y una mineralidad punzante. En boca es secante, con guindas ácidas, cuerpo medio y largo final. Fascinante.

De Martino Vigno 2008: Austero, nariz de guindas con un paladar amplio de dulce mermelada. Final largo. Muy agradable.

Odjfell Vigno 2010: Rubí intenso. Nariz especiada, destaca la pimienta negra, guindas y frambuesas. Muy frutal, con taninos astringentes y gran cuerpo.

Morandé Edición Limitada Carignan 2010: Color púrpura terroso. Nariz ahumada con fruta roja. Vivaz y suave, con ese delicioso sabor a guinda ácida y humo que reaparece en el retrogusto.

Otros productores de Vigno: Alcance, Garcia Schwaderer, De Martino, El Viejo Almacén, Garage Wine Co., Gillmore, Lapostolle, Lomas de Cauquenes, Meli, Undurraga, Valdivieso, Viña Roja.

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