Mapa de Chile cortesía de Free Vector Maps
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1) Largo y flaco

Chile es un largo y angosto país, estrechado por las montañas de Los Andes y el Océano Pacífico, de 4 300 km (2 700 millas) de longitud pero no más de 240 km (150 millas) de ancho.  Esto es más que la distancia que separa Edimburgo del desierto de El Sahara; por ello este país posee gran variedad de climas, desde los propios del desierto más árido del mundo en el norte, hasta los fríos de la Antártica en el límite sur.

En medio existe un ancho cinturón de tierra con clima mediterráneo, perfecto para el crecimiento de la vid, así como para otros cultivos, como olivos, limones y almendras.

Viña Santa Cruz Crédito de foto: Nadezda Kuznetsova
Viña Santa Cruz
Crédito de foto: Nadezda Kuznetsova

2) Cálido y soleado

Las vides gozan en este generoso clima mediterráneo. Durante los largos veranos, la alta exposición solar permite a las uvas madurar y desarrollar los azúcares que luego se transformarán en alcohol, cuando el jugo de uva se transforme en vino.

En lugares muy cálidos, esto genera vinos de aromas maduros, muy frutales y potentes, especialmente vinos tintos. Si encuentras vinos etiquetados con denominación de Rapel, Colchagua, Valle Central, Maipo o Curicó, probablemente pertenezcan a esta categoría.

Al mismo tiempo existen vinos fascinantes procedentes de zonas más frías, ya sea porque los viñedos están plantados en altura o por la influencia refrescante de las brisas y neblinas marinas que se internan desde el océano. En estas áreas las uvas maduran lentamente, lo que preserva su acidez y frescura. Estos vinos tienden a ser más herbáceos o especiados y tener una acidez más pronunciada. Puedes probar con vinos – especialmente blancos – de zonas como Casablanca, San Antonio, Leyda o Aconcagua, y tintos de Alto Maipo o Apalta, por nombrar algunos valles.

En la primavera, con el deshielo, el agua fluye hacia las vides y otros cultivos
En la primavera, con el deshielo, el agua fluye hacia las vides y otros cultivos

3) Agua, pero no demasiado

En invierno, las nubes cargadas de lluvia se internan al continente desde el Océano Pacífico hasta la Cordillera de Los Andes, donde dejan caer su nieve. En estos lugares hay hielo y glaciares que, en primavera, deshielan y alimentan cientos de arroyos y ríos que fluyen hacia el océano, llevando agua pura, limpia, llena de nutrientes, regando la vegetación que crece en los valles.

El agua llega en el momento preciso hasta los viñedos, justo cuando éstos comienzan a brotar tras su período de dormancia.

Sin embargo, las vides no gustan de demasiada agua y no prosperan si sus raíces están saturadas, por lo que es importante que el suelo tenga buen drenaje.

En la mayoría de las regiones productoras de Chile, hay muy poca o nada de lluvia durante la temporada primaveral y el verano. En muchos sentidos esto constituye una buena noticia, pues demasiada agua durante el crecimiento y maduración de las uvas puede causar que los racimos crezcan demasiado, los sabores se diluyan y los vinos resulten poco interesantes. Si llueve cerca de la época de cosecha pueden producirse daños, como resquebrajamiento de la piel de las uvas o la aparición de hongos, mientras que condiciones de humedad durante la temporada de crecimiento pueden propiciar la aparición de podredumbre (botrytis) y mildiú. Muchas viñas chilenas usan sistemas de riego por goteo controlado, de tal manera que las vides reciben la cantidad de agua precisa y producen uvas concentradas y sabrosas.

La vid en la primavera.
La vid en la primavera.

4) Saludable y en forma

El aislamiento de Chile en el sur del mundo, rodeado por importantes barreras naturales como el Océano Pacífico al oeste, las montañas de Los Andes al este, el desierto de Atacama al norte y los campos de hielos antárticos al sur, ha mantenido al país libre de enfermedades y plagas que son comunes en las zonas vitícolas de otros lugares del mundo.  Por cierto, Chile es uno de los pocos países donde innumerables viñedos están plantados sobre sus propias raíces, en lugar de sobre porta injertos resistentes a la Filoxera. Desde el punto de vista del consumidor, esto significa que no se requiere de tantos químicos para la prevención o tratamiento de determinadas enfermedades.

5) Con los pies en la tierra

Esta zona es altamente sísmica – integra el Cinturón de Fuego del Pacífico – y posee una de las cadenas volcánicas más largas del mundo, algunos de los cuales están activos. Siglos de actividad volcánica sísmica forjaron un país montañoso con una gran variedad de suelos, muchos de ellos ideales para determinados tipos de uvas.

Los viñedos en el otoño Crédito de foto: Nadezda Kuznetsova
Los viñedos en el otoño
Crédito de foto: Nadezda Kuznetsova

6) Bonito y variado

Las áreas vitivinícolas chilenas están clasificadas en valles, los que se extienden de este a oeste (desde Los Andes al Océano Pacífico) y también de acuerdo a su proximidad a las montañas o al mar.  El abanico de suelos y climas difiere de un valle a otro e incluso en cada valle individualmente, lo que significa que los vinos en sí pueden ser muy diferentes dependiendo del viñedo del que proceden.

Uvas tintas.
Uvas tintas.

7) Joven y aventurero

La industria vitivinícola chilena ha vivido un renacimiento en las últimas décadas y está en pleno florecimiento. Cada año se plantan más hectáreas con nuevos viñedos. Especialistas chilenos y extranjeros permanentemente abarcan más zonas en su búsqueda por nuevos terroirs, lugares en los que el suelo y clima se combinan propiciando las condiciones para la producción de vinos con aromas y sabores únicos.  Estas búsquedas han permitido, como nunca antes, la plantación de nuevos viñedos en zonas más al sur, al norte o a mayor altura.

Entretanto, nuevas generaciones de enólogos experimentan con distintas variedades de uvas, mezclas y técnicas enológicas, para producir una diversidad de vinos nunca antes vista en Chile.

¡Hora de catar!
¡Hora de catar!

Entonces, ¿Qué buscas? ¿Un clásico, cítrico y chispeante Sauvignon Blanc de Casablanca o uno mineral, casi salino, de Leyda? ¿Un intenso y paladeable Syrah del Valle Central o un elegante, suave y especiado Syrah de Apalta? ¿Un Riesling, con esos aromas que recuerdan a la parafina, o un delicado y fragante Viognier? ¿Un ensamblaje de estilo mediterráneo? ¿O quizás un espumante Brut helado para hacer más chispeante tu día?  Lo que sea que degustes en el vino, Chile tiene algo para ti.

Hace mucho tiempo, el rey del mundo del vino era Francia y en vastas extensiones de esas tierras prosperaban gran diversidad de uvas distintas, incluyendo Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Carménère, por nombrar sólo algunas.

Súbitamente, en 1863, las vides empezaron a morir, sin que nadie entendiese la razón. Primero un viñedo, luego otro y pronto grandes áreas comenzaron a sucumbir ante una enfermedad invisible.  Para cuando se logró identificar al pequeño áfido comedor de raíces de cuerpo amarillo, la Filoxera, y se desarrolló una solución, la producción francesa de vino había sido devastada y el Carménère aniquilado.

Con el tiempo, Francia recuperó su industria vitivinícola, plantando grandes extensiones con prácticamente las mismas variedades nobles de antes – esta vez injertadas sobre pies de vides americanas resistentes a la Filoxera – con la gran excepción del Carménère.

El giro en la historia de esta cepa sucedió casi un siglo más tarde, al otro lado del mundo, cuando algunas plantas de viñedos chilenos de Merlot fueron identificadas como esta variedad perdida.

En muchos sentidos el Carménère es la variedad insigne de Chile: ciertamente este país posee la mayor cantidad de cultivares plantados. Esta uva de color intenso requiere de una larga temporada de crecimiento para alcanzar su mejor expresión, por lo que prospera en zonas cálidas como Maipo, Rapel, Colchagua, Curicó y Maule.

Al madurar, el Carménère desarrolla perfumes especiados, como pimienta negra, a frutos rojos y negros, aromas herbáceos y notas ahumadas en sus vinos. Éstos son muy accesibles y sus suaves y redondos taninos se dejan beber con facilidad.

El Carménère puede maridarse con carnes ahumadas, grilladas o asadas, ave, cerdo, cordero y carne de caza, así como con los platos especiados de la cocina india o mexicana, por ejemplo.

Entonces, ¿Cuál es tu Carménère favorito?

Quisiera agradecer enormemente a mis amigas Smilja y Audrey por acompañarme en una cata especial de Carménère chileno.

El panel de cata de Carménère, izquierda: Smilja Radosav de la ex Yugoslavia; centro: Helen; derecha: Audrey Jeannet de Suiza.
El panel de cata de Carménère, izquierda: Smilja Radosav de la ex Yugoslavia; centro: Helen; derecha: Audrey Jeannet de Suiza.

Estos fueron nuestros hallazgos:

De Martino Reserva 347 Vineyards Carménère 2011

Especias muy interesantes y pimienta negra mezcladas con la fruta en este vino de cuerpo medio, muy agradable y fácil de beber.

Undurraga Aliwen Carménère 2012

Un vino bien equilibrado y fácil de beber con frutos rojos y especias. Taninos astringentes, pero con un final de boca agradable y frutoso.

Miguel Torres Las Mulas Carménère 2012 (vino orgánico)

Frutos rojos, setas y tierra húmeda. Cuerpo medio, ligeramente amargo al final.

[Las Mulas normalmente es una línea de vinos muy agradable y consistente, así que es posible que la botella haya sido almacenada de manera incorrecta].